Seguridad energética

jul 14th, 2014No Comments

Abrir a las trasnacionales la cadena de producción de la industria de los hidrocarburos y la eléctrica a las corporaciones extranjeras y a algunas nacionales no sólo no resolverá la seguridad energética de México, más bien la pone en riesgo con la reforma energética en ciernes. 

La lógica de una empresa privada es la ganancia y la obtención de altas rentas. Los atractivos negocios que resultarán de la reforma energética no buscan el interés nacional, el beneficio social y el desarrollo de capacidades endógenas para la industria nacional. 

Además de estos derroteros, el problema a resolver está mal enfocado. Pese a la baja de la producción en México no es aquí donde se localiza el riesgo pues gran parte de la misma tiene objetivos exportables (el mercado nacional sólo necesitaría mil 600 MMb/d), el problema está en la dependencia de las importaciones de derivados petroleros que representan una alta factura para el erario nacional y la vulnerabilidad para el mercado interno. 

El País no cuenta con capacidad de producción suficiente por lo que la dependencia es del 50 por ciento en gasolinas. No obstante esta situación no se resolverá en razón de los grandes negocios asociados a la venta de gasolinas a México (Valero Energy, Tx), además de la capacidad de producción excedente de las trasnacionales en la Costa del Golfo, argumento reiterado para justificar la inercia en México para no construir refinerías. 

La estructura productiva de la integración con Estados Unidos es la base del rumbo productivo de México, pero no la garantía para su seguridad energética.

Un mayor riesgo se perfila para el sector eléctrico en la medida en que se camina hacia una desintegración vertical y un despacho de carga incierto y que, con certeza, atenderá a los grandes negocios en el manejo de la energía, así como el diseño de una estructura institucional compleja y ajena a las características mexicanas que seguramente será cubierta con personal extranjero. 

La definición de seguridad energética en que se basan los líderes priistas es por demás estrecha y el mérito que atribuyen a la maximización de la producción petrolera, que en general es inherente a las aperturas, llevará a la expoliación de campos petroleros en momentos en que el petróleo convencional declina y se convierte en un factor más estratégico que nunca. 

Los actuales conflictos geopolíticos giran sobre la seguridad energética actual y futura de las grandes potencias. Los recursos no convencionales no resuelven el problema, más bien lo agudizan, además de que México no cuenta con reservas probadas, sólo son recursos prospectivos con un alto grado de incertidumbre de su existencia física, además del desastre ambiental que resulta de la producción de los esquistos (shales), razón suficiente para su rechazo como alternativa. 

Consustancial a la reforma energética está la fuga de renta que ocurrirá no sólo por tener que compartir el pastel con más (contratistas), sino porque las trasnacionales tendrán el control sobre los costos de producción, el manejo integral de las cadenas de producción y la posibilidad de comercializar el petróleo en el mercado internacional. 

Harán un gran negocio con el petróleo que fue de los mexicanos.

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La autora es doctora en ingeniería energética y profesora en la UNAM.

Fuente: Reforma.

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